Qué librerías lo tienen en su catálogo y a qué precio, todo junto para comparar.
Tocá un lomo y lo buscamos
¿No es ninguno de estos? Dejanos el título y te avisamos si una librería se interesa. No cuesta nada y no te compromete.
Pedí el libroCuando la librería lo dice, al lado del precio va qué ejemplar es: un usado y una tapa dura pueden tener el mismo título y el doble de diferencia.
Si no aparece en las librerías que seguimos, dejá el dato y probamos.
Título y autor, como lo sepas. No hace falta el ISBN, ni la editorial, ni que esté bien escrito: si te acordás la mitad del título y de qué se trataba, con eso arrancamos.
No lo buscamos en ningún catálogo del mundo ni te confirmamos nada antes: guardamos tal cual lo que escribiste y eso es lo que ven las librerías. Por eso, cuanto más preciso lo dejes, mejor.
También sirve para libros viejos, agotados o que nunca se editaron acá. Ese es justamente el caso donde el buscador solo no alcanza.
Las librerías uruguayas encargan libros todo el tiempo: es parte de su trabajo y ya tienen el circuito armado con sus distribuidores.
Lo que hoy no tienen es forma de enterarse de que alguien lo está buscando. Cuando la persona no lo encuentra, se va y nadie se entera de nada. Eso es lo único que cambiamos.
No elegimos por vos ni le damos el pedido a una sola: se lo pasamos a todas y responde la que quiera.
Te contacta ella directamente, con su precio y su plazo, y arreglás con ella. Nosotros no compramos, no vendemos, no cobramos comisión y no tocamos plata en ningún momento.
Tu nombre y tu contacto van solo a las librerías, para que puedan escribirte. A los noventa días los borramos.
Y lo decimos de frente: el circuito lo movemos a mano, no hay plazo y puede que ninguna librería se interese. Existe la posibilidad; no es una promesa.
No te compromete a nada y no tiene costo. Si nadie responde, no pasa nada: no te vamos a escribir para venderte otra cosa.
Cuantos más pedidos hay de un mismo título, más fácil es que alguna librería lo traiga. Así que dejarlo sirve aunque a vos no te salga.
Si una librería se interesa en conseguirlo, te va a llegar un aviso al contacto que dejaste, y esa librería se pone en contacto con vos para coordinar.
No tenemos plazo, y puede que ninguna se interese: si no te escriben, no lo conseguimos.
Desde que escribís un título hasta que llegás al libro.
Buscamos en un índice propio, armado con los catálogos que bajamos de cada librería. Aguanta errores de tipeo y pedazos sueltos: «kapuscinski imperio» alcanza.
También podés escribir solo el autor y ver todo lo que hay de esa persona en las librerías que seguimos, que es la forma más rápida de descubrir que una librería del Cordón tiene algo que no sabías que existía.
Si no hay nada igual a lo que escribiste, te mostramos lo más parecido y te avisamos que es aproximado. Nunca te devolvemos una pantalla vacía: el vacío es la única forma segura de perder a alguien que quería leer.
Los precios los publica cada librería en su propio sitio. Nosotros los sacamos del catálogo que bajamos, no de una consulta en el momento: cuando abrís un libro no le preguntamos nada a la librería, así que puede que alguno haya cambiado desde entonces.
Esa bajada no es automática ni diaria: la corremos a mano. Al pie decimos de cuándo es el catálogo que estás mirando, y cuando no lo podemos saber también lo decimos. Si la fecha te queda lejos, confirmá el precio en la librería antes de ir.
Cuando un mismo título está en varias librerías no te mostramos una fila por cada una: es un solo libro, con las opciones adentro y el precio más barato que tenga stock arriba. Y si hay usado y nuevo, te decimos cuál es cuál, porque si no un precio bajo parece un error.
Nos dejás qué libro era y cómo contactarte, y se lo pasamos a las librerías. Si alguna se interesa, te escribe ella directamente y arreglás con ella.
No es un invento nuestro: las librerías uruguayas encargan libros todo el tiempo, es parte de su trabajo. Lo único que hacemos es avisarles que alguien lo está buscando, que es justo lo que hoy no tienen forma de enterarse.
No compramos, no vendemos y no cobramos nada por eso. Tu nombre y tu contacto van solo a las librerías, y a los noventa días los borramos. Es una posibilidad, no una promesa: el circuito lo armamos a mano y no tenemos plazo.
El link va siempre a la ficha del libro en el sitio de la librería, nunca a su portada. Mandar a alguien a la puerta de un e-commerce a buscar el libro solo es perderlo.
La compra la hacés con ellos, con su envío y sus formas de pago. Acá no hay carrito, no hay checkout y no pasa plata por el medio: nosotros te dejamos en la puerta y nos vamos. Por eso también decimos qué ejemplar es cada uno —usado, tapa dura, qué editorial—: sin eso, $490 al lado de $980 se lee como un error nuestro y es el mismo título en dos ediciones.
Y no vas a encontrar links a Amazon ni a Mercado Libre. Es una decisión, no un olvido: si el resultado te manda a comprar afuera, el sitio estaría trabajando en contra de la razón por la que existe.
Hay una segunda herramienta, el recomendador, que todavía no está abierta.
En vez de buscar un libro que ya sabés cuál es, contás qué leíste.
Dos o tres libros alcanzan. No hace falta que sean los mejores que leíste ni que armes una lista completa: alcanza con los que tengas frescos.
Se puede hablando o escribiendo. Contar tres libros en voz alta lleva treinta segundos y escribirlos lleva tres minutos. El audio se borra apenas se transcribe.
Y lo más útil no son los que te gustaron: son los que abandonaste. Un libro que dejaste por la mitad dice más de lo que buscás que tres que terminaste.
Antes de recomendarte nada te muestra el perfil que armó, en dos o tres renglones, y te pregunta si le pegó.
Corregirlo es la diferencia entre acertar y errar, y por eso el perfil se muestra antes que la lista. Por eso también el que escribe libre sos vos y no el sistema: si te hiciera preguntas cerradas, las preguntas ya vendrían torcidas por lo que creyó entender.
No es un cuestionario de géneros ni una lista de categorías para tildar. Es una devolución en prosa, que podés discutir.
No una sinopsis: por qué ese libro para vos, a partir de lo que contaste. Si el motivo se pudiera escribir sin haber leído tu perfil, está mal y no sirve.
Son tres y no una lista larga, porque con muchas opciones no se elige ninguna. Cada uno viene con su banda —en tu línea, un paso al costado, o una jugada que no habrías buscado nunca—, pero ninguna está garantizada: entran los tres que se pueden defender, salgan de donde salgan.
Y te dice qué descartó y por qué, que muchas veces es más útil que la lista misma.
Cada libro viene con la librería uruguaya que lo tiene y a qué precio, y eso se comprueba contra la librería en el momento de recomendarlo. Si no está en las librerías que seguimos, no llega a la pantalla.
Esa es toda la diferencia con pedirle una lista a cualquier inteligencia artificial suelta: te devuelve títulos lindísimos que después no podés comprar sin importarlos, esperando semanas y pagando el doble. Y no es una impresión, lo medimos: le preguntamos por 500 libros que están en estas librerías y dijo conocer bien 28, el 5,6%; de diecisiete sellos uruguayos, entre ellos Banda Oriental y Fin de Siglo, no conocía bien ninguno.
Acá la restricción es el punto, no una limitación.
Hoy lo prueban lectores invitados que entran con su propio link. Cada recomendación le cuesta plata al proyecto y queremos ver cómo anda antes de largarlo. Mientras tanto el buscador está entero y no pide nada: buscá el libro que querías.
Acá va a ir el acceso de los que tengan usuario. Todavía no existe: hoy no se puede entrar desde esta pantalla.
Qué es esto, qué ganás, qué no te cobramos y qué necesitamos de vos.
Alguien escribe un título, le decimos en qué librerías uruguayas está y a qué precio, y le damos el link para comprarlo en el sitio de cada una.
No vendemos, no cobramos comisión y no hacemos envíos. La venta es tuya, entera, y el cliente también: nosotros te lo dejamos en la puerta.
Tampoco competimos con vos por el mismo cliente. No tenemos stock, no tenemos depósito y no hay un carrito de este lado.
Cuando alguien busca un libro que vos tenés, aparecés aunque nunca haya oído tu nombre. El link va a la ficha del producto en tu sitio, no a tu portada: el que llega, llega al libro.
Y con el tiempo vas a saber qué te están buscando y no tenés, que hoy no lo sabe nadie. No es una métrica de vanidad: es inteligencia de compra.
Lo que no te podemos prometer es tráfico. Esto recién arranca y hoy son cuatro librerías; no sabemos cuánta gente te vamos a mandar. Registramos los clics que salen para cada una, pero el informe todavía no está armado.
Ni por aparecer, ni por clic, ni comisión sobre lo que vendas.
Ninguna librería puede pagar para salir primero. Si algún día te hacemos la web, eso tampoco cambia tu posición en los resultados: son dos cosas separadas y van a seguir siéndolo.
El motivo es simple y es egoísta: si dejáramos comprar el orden, el sitio dejaría de servirle al que busca, que es lo único que tenemos.
Una dirección o un archivo donde estén, por lo menos, título, autor, precio, si hay stock y el link a la ficha. Si tu tienda es Shopify, WooCommerce o parecida, eso ya existe y alcanza con que nos digas cuál es. Una planilla exportada de tu sistema también sirve.
Lo bajamos cada tanto y lo mostramos tal como está, así que un cambio de precio en tu sitio se ve acá recién cuando volvemos a bajarlo. Por eso el sitio dice siempre de cuándo es el dato —y cuando no lo podemos saber, lo dice también— y le pide a la gente que confirme antes de ir.
Miramos tu robots.txt antes de bajar nada, y si algo se está mostrando mal, nos escribís y lo corregimos. Si preferís no aparecer, te sacamos y listo.
Dejanos un mail y te escribimos. No es un alta automática: del otro lado hay una persona, no un sistema.
Gracias — te escribimos en estos días.